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COMPROMISO POR LOS HIJOS

Publicado en "Yecla. Siete Días" el 18 de Octubre de 2007
Escribía en mi artículo anterior que los padres tienen un papel crucial en la educación de sus hijos y en el rendimiento escolar. Muchas veces nos encontramos con padres que pretenden que los profesores hagamos también las veces de progenitores. Cosas tan sencillas como conseguir que los niños ayuden en las tareas domésticas facilitarían mucho las tareas en el aula. Me explicaré. Se echa en falta una mayor implicación de los menores en las tareas cotidianas. Se trata, sencillamente, de fomentar el sentido de la responsabilidad. Es normal que un padre o una madre quieran facilitar el quehacer diario a sus hijos, evitándoles esos pequeños trabajos que quizás algunos de ellos realizaron en exceso. Esto en sí mismo no es malo, pero de esta forma no les estamos haciendo un favor. Tarde o temprano se tendrán que enfrentar con la realidad que, para bien o para mal, todos conocemos. Si no trabajan no conseguirán todo aquello que se proponen. Por tanto, hay que enseñarles a trabajar, a colaborar en las tareas cotidianas de un hogar, a responsabilizarse de sus actos y a tratar a los demás miembros de la familia con respeto y dignidad. Enseñarles lo verdaderamente importante que es su labor dentro de la pequeña célula de la sociedad que es la familia. Un comportamiento responsable en casa, en la familia, se traduciría más tarde en un mejor aprovechamiento de las clases. Una gran mayoría de niños ven en el colegio una obligación que hay que salvar como sea. Es precisamente esa visión la que los padres tienen que ayudar a cambiar. Los profesores estamos con ellos una parte del día. En el resto del día necesitamos que el mensaje que se transmita a los niños vaya en el mismo sentido. Un mensaje en el colegio y otro distinto en casa son las causas de que los alumnos no se tomen en serio su trabajo escolar. Tampoco vendría mal que los padres apoyaran al profesorado y confiaran más en su labor docente y educadora. Un niño que escucha a sus padres decir “…ese profesor me va a oir a mí…” o “…yo gano más que ese maestrillo...” difícilmente respetará a cualquier miembro de la comunidad escolar. Padres y profesores estamos condenados a colaborar en beneficio de los más pequeños, de los hombres y mujeres del mañana. Dignificar la función docente es también un compromiso que los padres deben asumir en beneficio de sus hijos. Es tan fácil como ir regularmente a interesarse por sus hijos al colegio. Tan fácil como abordar estrategias conjuntamente con el tutor. Tan fácil como querer implicarse en la educación de los hijos, algo que todo el mundo dice sin complicaciones, pero que luego, en la realidad del aula, los profesionales de la enseñanza vemos con claridad que no es así, que a muchos padres les falta un “compromiso por sus hijos”.

RESPETO EN LAS AULAS

Publicado en "Yecla. Siete Días" el 4 de Octubre de 2007
De unos años a esta parte, en la Comunidad Escolar (padres y madres, alumnos y profesores) se encuentra abierto un debate en torno al uso del “usted” en las aulas. Me gustaría desde estas líneas hacerles llegar mi experiencia docente. Cuando un curso comienza y nuevos alumnos llegan a las aulas, conviene, sobretodo los primeros días, marcar las distancias con los alumnos para evitar que se tomen confianzas que más adelante puedan alterar el normal funcionamiento de la clase. Desde el primer momento en que los alumnos entran al aula es necesario tratarlos con el mismo respeto con el que queremos que nos traten a nosotros. Así pues, soy yo quien da el primer paso y comienza a llamarles de “usted” tanto a unos como a otros. Este acto, que en un principio descoloca al alumno, es la primera piedra de una barrera necesaria para que en el aula todo el mundo sepa cuál es su lugar. A mí me funciona muy bien. Ese modo con el que todos nos tratamos se trasmite también a las relaciones entre ellos, que empiezan a cimentarse, como todos queremos, desde el respeto y la tolerancia hacia el que es diferente o piensa distinto. Con el “usted”, que espero que algunos no confundan con el “usía”, los niños están desarrollando estos valores que tanto echamos de menos y que tan necesarios son para una sociedad, como la española, tan diversa como plural. Es de crucial importancia echar el resto en las aulas. La calidad de la educación, además de un buen profesorado, que jamás pondré en duda, depende, en buena parte, del clima que haya en la misma. Un aula en la que se respire respeto y saber estar, se escuche y se deje hablar al otro, se dialogue y no se grite, es, a mi modesto entender, el objetivo que todo profesor debería fijarse como objetivo transversal de su asignatura. Hay que intentarlo. Posiblemente no se consiga a la primera, pero no hay que desfallecer. El fracaso escolar del que se habla es, en cierta medida, responsabilidad de nosotros los profesores. También a los padres hay que exigirles ese plus de compromiso para con nuestros hijos. Será ese el motivo de un próximo artículo. En cualquier caso, no olvidemos que la escuela de hoy es la sociedad del mañana. Gracias
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