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POR UNA YECLA MÁS SALUDABLE

Publicado en "Yecla. Siete Días" el 15 de Noviembre de 2007
No hay más que encender la televisión y la radio o leer un periódico para darnos cuenta de que algo está cambiando en nuestro mundo. Las catástrofes naturales son cada vez más frecuentes y las pérdidas humanas y materiales también. Hay estudios estadísticos que relacionan estos desastres naturales con la actividad humana, con la emisión desproporcionada de dióxido de carbono a la atmósfera, el “ceo-dos” (CO2), del que todo el mundo habla y pocos saben realmente qué es, de dónde viene y a dónde va. Hay gases de efecto invernadero mucho más perniciosos para nuestro planeta como el metano y el óxido nitroso que son hasta 300 veces más peligrosos que el dióxido de carbono y de los cuales tampoco se dice nada. Las grandes plantaciones de arroz y la ganadería intensiva (ganado bovino y producción de estiércol, por ejemplo) son también fuentes de gases de efecto invernadero de los que no se habla en esos informes tan apocalípticos que últimamente están en la boca de tantos políticos y periodistas con nula o escasa formación científica. A esta situación de desinformación generalizada hay que añadir que las acciones encaminadas a reducir emisiones no son suficientes y se quedan muchas veces en gestos de buenas intenciones. No es frecuente encontrarse con políticos valientes que se decidan a aplicar medidas que, aunque a escala mundial no suponen prácticamente nada, sí que tienen su importancia a nivel local o regional. A mí me gusta la máxima “PIENSA GLOBAL, ACTÚA LOCAL”. Desde los Ayuntamientos se pueden realizar muchas acciones encaminadas a reducir el contenido de dióxido de carbono que hay en la atmósfera, a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y además, con un poco de imaginación, a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos haciendo una ciudad más sostenible y saludable para todos. Me refiero a tres acciones con gran repercusión y beneficios a corto y medio plazo.
Las reforestaciones masivas con arbolado autóctono son una forma de capturar CO2 y convertirlo en masa forestal. Además, la fotosíntesis de las hojas produce oxígeno, con lo que el aire circundante es aún más puro. Suelos con vegetación frenan la desertificación y desertización, además de disminuir la escorrentía de las aguas y permitir así que el agua de lluvia se filtre al subsuelo con mayor facilidad. Nuestros amigos de ANIDA hacen todos los años reforestaciones en diversos parajes de nuestro término municipal, pero todos sabemos que eso no es suficiente. Hace falta mucho más. Aprovecho estas líneas para animar a su presidente, el incansable Carmelo Lara, a seguir con esa política de reforestaciones tan necesaria. Es el Ayuntamiento quien, coordinado con la Comunidad Autónoma o Ministerio de Medio Ambiente, debería de emprender, de manera urgente, un estudio serio para ampliar por dos o por tres la masa forestal de Yecla. El alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara ha sido muy ambicioso en este tema y va a multiplicar por cinco esa superficie forestal. Con ese proyecto va a transformar el norte de la ciudad de Murcia. Los colores ocres y pálidos dejarán paso al verde en unos años con los consiguientes beneficios. ¿Nos podemos imaginar nosotros lo que sería Yecla rodeada de verde? Soy consciente de que hay mucho monte de propiedad privada y es ahí donde la Administración debe jugar un papel determinante. Hay que fomentar y subvencionar esta práctica de creación de masas forestales. Los beneficios serán muchos a nivel local, un mejor aire que respirar, temperaturas más suaves, conservación del suelo, freno a la desertización, amén de los múltiples beneficios para la fauna autóctona.Sería la aportación de Yecla al protocolo de Kyoto.
También se puede ir más allá. El uso del coche empieza a ser excesivo en nuestra localidad. Los atascos diarios en las entradas y salidas de los polígonos son una muestra de que algo no funciona. Con solo un vistazo a esas colas es suficiente para darse cuenta. Una persona, un coche. Error. Los vehículos en frío son los que más dióxido de carbono emiten. A un coche no le da tiempo a alcanzar la temperatura óptima de funcionamiento de casa al trabajo. Fomentar el transporte público no es política ni de “progres” ni de “verdes”, exclusivamente, como muchos suelen pensar. Algunos políticos debieran de quitarse esos complejos y defender medidas que desde el primer momento supongan un beneficio para todos, independientemente de quien las proponga. Un mejor servicio a los polígonos en las horas de entrada y salida ayudaría a que muchos trabajadores optaran por no ir al trabajo en coche. ¿Más tiempo? Seguramente no, pero es cuestión de adaptarse. Fomentar el uso de la lectura mientras se viaja en el metro o autobús es algo que ya han hecho muchas ciudades, ¿por qué no en Yecla?
Ahora que se está trabajando en el arreglo y mejora de los accesos a la ciudad, sería muy interesante que también se pudieran contemplar los carriles bici junto a esas vías de comunicación. Quizás esos carriles bici no se utilicen en esos pocos días de invierno tan grises, tristes, fríos y lluviosos, pero sí estoy seguro de que su uso aliviaría en gran medida los problemas de tráfico que tenemos. Además de no utilizar el coche y contaminar el aire que respiramos, estaríamos fomentando hábitos de vida saludable, el ejercicio físico regular. Los fines de semana también se utilizarían los carriles bici, pues la seguridad que transmiten estas vías fomenta que la gente se anime y practique deporte. Imaginen, por ejemplo, lo que sería la carretera de Villena con 100 coches menos en esas horas punta.

Es cuestión de voluntad. La mejor política medioambiental es la que se realiza y no la que se queda en reuniones y declaración de intenciones. Es el momento de actuar, pero que quede claro, no porque vaya a venir el apocalipsis que otros anuncian, simplemente porque con ello aumentaremos nuestra calidad de vida y dejaremos una Yecla más moderna y sostenible. Imprimir artículo
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